Me he sentido ofendido y agradecido al mismo tiempo:
En el bus una señora joven me cede el asiento. Le digo que se lo agradezco pero que quiero ir de pié, además había asientos libres que no quise utilizar.
Al parecer ella se sintió confusa como temiendo haber metido la pata. La tranquilicé diciéndole que que los años que tengo no los puedo disimular , y que hasta enconces me sentia ilusionado de que hacía tiempo que nadie me cediera el asiento. lo que más me molesta de esta situación es que en las contadas ocasiones que me ha sucedido, han sido mujeres las que han intentado darme su asiento, siendo yo un hombre. Pero nunca me ha sucesido con un jovenzuelo. De aquí en adelante, tengo tres opciones:
1ª.- Sentarme cuando haya asientos libres. 2ª- Aceptar la realidad y no molestarme . y 3ª tintarme el poco pelo que me queda y hacer el ridiculo.
He de aclarar que estoy acostumbrado a andar yn lo hago todos los dias.
Ando más que un cartero en Barcelona. Pero esta buena señora no tiene por qué saberlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario