RECUERDOS
Recuerdos de mi infancia durante la guerra
civil española.
Aunque era un niño de cinco o
seis años, toda mi vida he tenido esos recuerdos, no solo por la impresión que
causaban aquellos acontecimientos, si no también porque siendo el menor de ocho
hermanos, ellos los han referido y contado tantas veces que difícilmente se
puedan olvidar
Noche de luna llena, tendidos
de bruces en la terriza calle. Un ruido ensordecedor de motores, hacía que de
vez en cuando levantáramos la mirada al
cielo.
A intervalos veíamos como de
aquellos biplanos se desprendía una bomba. La luna era tan clara que se podía
ver como caía con un aterrador silbido y luego la explosión a cierta distancia.
Al principio no comprendía por
qué recomendaban tenderse en el suelo, y sí, tenía cierta lógica, a no ser que
la bomba te cayera encima, y sí a cierta distancia, la metralla se proyectaba
hacia arriba y no a ras del suelo debido al cráter que producía.
Aún no habían excavado los refugios.
Eran túneles en la calle para protección de la población durante los
bombardeos.
Mis hermanos mayores, me
llevaban a un colegio, que el gobierno de la república había transformado de un convento de frailes. (Después he
pensado que donde irían a parar éstos, o si escaparon o los detuvieron).
Me aburría y hacía todo lo
posible por no ir, como fingir dolor de barriga, de mayor comprendí que era lógico que me aburriera, no hacía
nada en la clase porque no tenía lápiz y
después me preguntaba, que si hubiese tenido interés y lo hubiese dicho,
seguro que mis hermanos y mi padre me hubieran proporcionado uno. Pero son
recuerdos tan vagos que no se exactamente en que terminó la cosa. Probablemente
se solucionó. Sí recuerdo la alegría con que un día llegué a casa luciendo en
el pecho una escarapela con los colores de la bandera de la república, que
daría algo por poderla conservar.
Probablemente la perdí durante
algún bombardeo. Y después he pensado en la preocupación de mis padres y
hermanas cuando estando en clase se presentaban los temidos aviones soltando su
mortífera carga.
Ahora me pregunto lo extraña
que es la vida y por tanto, el proceder del ser humano, sí, porque volviendo al
principio, no se me borra la escena de encontrarnos encogidos debajo de una
cama, mientras se oía el aterrador sonido de las bombas al estallar. Mis
hermanas rezaban pidiendo que se fueran los aparatos.
¡Que raro! Mi madre había descolgado los cuadros de santos que teníamos en los
dormitorios. Pues en la “zona roja” el
rezar o tener santos, podía resultar peligroso; en cualquier momento podían
entrar a las casas y ver lo que allí había. Yo había oído “entrar a requisar”;
y de hecho se hacía, oía decir que los milicianos requisaban en las casas de
quienes no eran afines a la república. Pero lo incongruente, era que los que
nos bombardeaban eran los católicos, los
creyentes los civilizados, para ellos los “rojos” eran la chusma que
quemaban iglesias. (Estas consideraciones, claro está, las hago de mayor).
¿Pero como sabían esos
aviadores, que toda la población era “chusma roja”? Bombardeaban
indiscriminadamente. Si alguna de mis hermanas hubiese sido victima de aquella
metralla, hubiese muerto o sido herida rezando. Y estoy convencido de que como
ellas, la gran mayoría de la población. ¿O es que por ser republicano, no se
puede ser creyente?
No eran todos, los que mataban
curas y quemaban iglesias.
Carlos de Haya, el “Barón Rojo”,
de la guerra civil española y su concuñado García Morato, ¿serían algunos de
los que bombardeaban a la población de Almería? Después he oído que si.
Terminada la guerra, y vuelta de nosotros a
Málaga, un hermano de mi madre, Antonio, que vivía en San Isidro,
una finca muy cerquita del aeropuerto, nos contaba que ellos se echaban
a temblar cuando veían y sentían
despegar los aviones , que sabían iban cargados de bombas para lanzarlas
sobre Almería.
Puedo contar lo que viví en
aquella situación, pero tengo entendido que al igual que los “fascistas”, los
“rojos”, (republicanos), también bombardeaban a la población civil.
Pero como no es juzgar a nadie
el objeto de este relato, continuaré con mis recuerdos.
Mi padre como ferroviario que
era, estaba destinado en la estación de ferrocarril que había en el puerto. El
gobierno de la república había hecho un campo de concentración, y había
instalado unas alambradas donde estaban recluidos los presos políticos, por lo
que ahora entiendo, les eran más útiles y baratos estar cargando carbón en los barcos que tenerlos encarcelados.
Inteligente mi padre, supo
estar a bien siempre con todo el mundo, cumpliendo con su deber y ayudando en
lo posible a quien podía, fuese de cualquier signo político.
Como él tenia libre acceso al
recinto, buscaba y entregaba a los presos, cuando podía, encargos, (comida) que familiares de estos le
pedían por favor se los entregara.
Recuerdo también cuando
llegaron los “malagueños” como se conocía en Almería a los refugiados huidos de
Málaga. Claro que muchos se habían quedado en el camino cazados por esos “intrépidos”
aviadores, o bien por los cañones de los barcos alemanes que desde el mar
cañoneaban la costa, allí también hacían sus prácticas los nazis previas a la
II Guerra mundial.
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