viernes, 21 de agosto de 2015

RECUERDOS




RECUERDOS

   Recuerdos de mi infancia durante la guerra civil española.

Aunque era un niño de cinco o seis años, toda mi vida he tenido esos recuerdos, no solo por la impresión que causaban aquellos acontecimientos, si no también porque siendo el menor de ocho hermanos, ellos los han referido y contado tantas veces que difícilmente se puedan olvidar

Noche de luna llena, tendidos de bruces en la terriza calle. Un ruido ensordecedor de motores, hacía que de vez en cuando  levantáramos la mirada al cielo.

A intervalos veíamos como de aquellos biplanos se desprendía una bomba. La luna era tan clara que se podía ver como caía con un aterrador silbido y luego la explosión a cierta distancia.

Al principio no comprendía por qué recomendaban tenderse en el suelo, y sí, tenía cierta lógica, a no ser que la bomba te cayera encima, y sí a cierta distancia, la metralla se proyectaba hacia arriba y no a ras del suelo debido al cráter que producía.

Aún no habían excavado los refugios. Eran túneles en la calle para protección de la población durante los bombardeos.

Mis hermanos mayores, me llevaban a un colegio, que el gobierno de la república había transformado  de un convento de frailes. (Después he pensado que donde irían a parar éstos, o si escaparon o los detuvieron).                                                                                

Me aburría y hacía todo lo posible por no ir, como fingir dolor de barriga, de mayor comprendí  que era lógico que me aburriera, no hacía nada en la clase porque no tenía lápiz y  después me preguntaba, que si hubiese tenido interés y lo hubiese dicho, seguro que mis hermanos y mi padre me hubieran proporcionado uno. Pero son recuerdos tan vagos que no se exactamente en que terminó la cosa. Probablemente se solucionó. Sí recuerdo la alegría con que un día llegué a casa luciendo en el pecho una escarapela con los colores de la bandera de la república, que daría algo por poderla conservar.

Probablemente la perdí durante algún bombardeo. Y después he pensado en la preocupación de mis padres y hermanas cuando estando en clase se presentaban los temidos aviones soltando su mortífera carga.

Ahora me pregunto lo extraña que es la vida y por tanto, el proceder del ser humano, sí, porque volviendo al principio, no se me borra la escena de encontrarnos encogidos debajo de una cama, mientras se oía el aterrador sonido de las bombas al estallar. Mis hermanas rezaban pidiendo que se fueran los aparatos. 

¡Que raro!  Mi madre había descolgado  los cuadros de santos que teníamos en los dormitorios. Pues  en la “zona roja” el rezar o tener santos, podía resultar peligroso; en cualquier momento podían entrar a las casas y ver lo que allí había. Yo había oído “entrar a requisar”; y de hecho se hacía, oía decir que los milicianos requisaban en las casas de quienes no eran afines a la república. Pero lo incongruente, era que los que nos bombardeaban eran los católicos, los  creyentes los civilizados, para ellos los “rojos” eran la chusma que quemaban iglesias. (Estas consideraciones, claro está, las hago de mayor).

¿Pero como sabían esos aviadores, que toda la población era “chusma roja”? Bombardeaban indiscriminadamente. Si alguna de mis hermanas hubiese sido victima de aquella metralla, hubiese muerto o sido herida rezando. Y estoy convencido de que como ellas, la gran mayoría de la población. ¿O es que por ser republicano, no se puede ser creyente?

No eran todos, los que mataban curas y quemaban iglesias.

Carlos de Haya, el “Barón Rojo”, de la guerra civil española y su concuñado García Morato, ¿serían algunos de los que bombardeaban a la población de Almería? Después he oído que si. 

 Terminada la guerra, y vuelta de nosotros a Málaga, un hermano de mi madre, Antonio, que vivía  en San Isidro,  una finca muy cerquita del aeropuerto, nos contaba que ellos se echaban a temblar cuando veían y sentían  despegar los aviones , que sabían iban cargados de bombas para lanzarlas sobre Almería.

Puedo contar lo que viví en aquella situación, pero tengo entendido que al igual que los “fascistas”, los “rojos”, (republicanos), también bombardeaban a la población civil.

Pero como no es juzgar a nadie el objeto de este relato, continuaré con mis recuerdos.

Mi padre como ferroviario que era, estaba destinado en la estación de ferrocarril que había en el puerto. El gobierno de la república había hecho un campo de concentración, y había instalado unas alambradas donde estaban recluidos los presos políticos, por lo que ahora entiendo, les eran más útiles y baratos estar  cargando carbón en los barcos  que tenerlos encarcelados.

Inteligente mi padre, supo estar a bien siempre con todo el mundo, cumpliendo con su deber y ayudando en lo posible a quien podía, fuese de cualquier signo político.

Como él tenia libre acceso al recinto, buscaba y entregaba a los presos, cuando podía,  encargos, (comida) que familiares de estos le pedían por favor se los entregara. 

Recuerdo también cuando llegaron los “malagueños” como se conocía en Almería a los refugiados huidos de Málaga. Claro que muchos se habían quedado en el camino cazados por esos “intrépidos” aviadores, o bien por los cañones de los barcos alemanes que desde el mar cañoneaban la costa, allí también hacían sus prácticas los nazis previas a la II Guerra mundial.

 

 

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