jueves, 10 de enero de 2019

El Corte


           Jueves, 10 de enero 201

        El Corte       


Era noche con cielo nublado y sin estrellas. Noche oscura y cerrada como abierta boca de lobo.
Al cruzar la vía el hombre notó en su pié una ligera vibración en el carril de acero, que a otra persona ajena al ferrocarril le
hubiera pasado desapercibida.
Casi instintivamente aguzó el oído, e instantes después oyó el ruido inconfundible de un tren que se acercaba. El hombre sabía por propia experiencia, que el sonido se propaga con más rapidez por un cuerpo sólido como el acero que   por el aire. Desconocía las leyes de la física que establecen esta diferencia, pero por esta vez  sus reflejos y su experiencia le salvaron la vida.
 El agente ferroviario, portaba en una  mano el reglamentario farol de candileja de aceite que le servía para ver con cierta
dificultad las series y números de los vagones de los cuales tomaba nota.
En la oscuridad ya muy cerca, el “Factor” percibió el trac trac que las ruedas de los vagones producían al golpear rodando las
 juntas de los carriles de ocho metros, que formaban la vía asentada sobre traviesas de madera.
Aquel convoy  formaba parte de un tren de mercancías. En términos ferroviarios se le llamaba corte porque se segregaba de
un tren completo, o bien iba a formar parte de otro tren.
El “corte” era empujado por la máquina, y cuando adquiría cierta velocidad, la locomotora frenaba, y los vagones er lanzados
 por el impulso a la vía correspondiente. 
El ferroviario sintió como si un monstruo mitológico avanzara hacia él. 
Haciendo sin querer un alarde de inteligencia y rapidez, se echó al suelo, dejando a un lado el rudimentario y entrañable farol
  que siempre debía acompañarlo en servicio de noche.
Tendido sobre la tierra se llevó las manos a la cabeza tratando de cubrírsela en lo posible.En la oscuridad, no sabía si se encontraba  entre dos vías paralelas o si se había tendido entre  los dos carriles de una misma vía 
Sintió que se le venía encima, como en una pesadilla, aquel horrible ruido de chirridos de hierros  y girar de ruedas. 
Percibió ese agudo y penetrante silbido o chirriar  que produce la pestaña de las ruedas al rozar el lateral del carril cuando la
vía hace 
curva, aunque esta sea muy leve. 
Entre los topes del último vagón, golpeando de forma aleatoria contra el escaso balasto de la vía, colgaba peligrosamente un
gancho de tracción que formado por dos gruesas horquillas de acero unidas entre sí por un husillo, con su correspondiente
 contrapeso o
"porra”, servía para unir los vagones.
Bajo su cuerpo, las traviesas de madera crujían  cediendo al enorme peso de los vagones 
Durante el tiempo que estuvo tendido entre la vía, instintivamente y por la fuerza de la costumbre, pudo evaluar sin ser
 totalmente consciente de ello, los distintos vagones y sus partes accesorias que le pasaban por encima: Un cerrado, otro y
 otro, todos ellos cargados, lo supo  por como se hundían las traviesas que estaban en contacto con su cuerpo, una plataforma
con la galga echada, dos máximos... No pudo continuar.
Un golpe en la cabeza, casi le hizo perder el conocimiento, pero no lo suficiente  como para no darse cuenta de cómo pasaba
sobre él a escasos centímetros  y se alejaba, aquella apabullante sinfonía producida por toneladas de hierros y madera.
Cuando estuvo seguro de que el “corte” había pasado, y asegurándose de que no venía otro, se levantó tambaleándose y fue
 cuando tuvo conciencia clara de que había estado tendido en medio de la vía y  que  los  vagones les pasaron  por encima
Le dolía la cabeza, se tocó y notó la mano mojada, tenía la duda de si sería  sudor o sangre, se acercó al farol que continuaba
 encendido, y a su tenue luz pudo ver su mano manchada de sangre.
La herida se la produjo la “ porra”, o sea,  el contrapeso de un gancho de tracción que iba suelto.
El aporreado ferroviario se dirigió al edificio de la estación donde contó lo que le había sucedido mientras lo curaban.
Ese “Factor”, era mi padre de servicio en la estación de Bobadilla, no se exactamente, pero serian los años 
veinte del pasado siglo, 1920 o quizá antes

 

 

 

 

 

 







 


 

 
 
 
 
 
 


 
 
 
 


 
 
 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 9 de enero de 2019

Buenas tardes.
Estoy tratando de publicar una nueva entrada, pero el escrito lo tengo  en un documento word de mis archivos del PC y no encuentro la forma de insertarlo en el blog.
Terminaré imprimiéndolo y después  copiarlo escribiéndolo con el teclado.
De momento escribo esto para no perder la costumbre pues publico  muy de tarde en tarde y no me acuerdo de una vez para otra.