Jueves, 10 de enero 201
El Corte
Era noche
con cielo nublado y sin estrellas. Noche oscura y cerrada como abierta boca de
lobo.
Al cruzar
la vía el hombre notó en su pié una ligera vibración en el carril de acero, que
a otra persona ajena al ferrocarril le
hubiera pasado desapercibida.
hubiera pasado desapercibida.
Casi
instintivamente aguzó el oído, e instantes después oyó el ruido inconfundible
de un tren que se acercaba. El hombre
sabía por propia experiencia, que el sonido se propaga con más rapidez por un
cuerpo sólido como el acero que por el aire. Desconocía
las leyes de la física que establecen esta diferencia, pero por esta vez sus reflejos y su experiencia le salvaron la
vida.
El agente ferroviario, portaba en una mano el
reglamentario farol de candileja de aceite que le servía para ver con cierta
dificultad las series y números de los vagones de los cuales tomaba nota.
dificultad las series y números de los vagones de los cuales tomaba nota.
En la
oscuridad ya muy cerca, el “Factor” percibió el trac trac que las ruedas de los
vagones producían al golpear rodando las
juntas de los carriles de ocho metros, que formaban la vía asentada sobre traviesas de madera.
Aquel convoy formaba parte de un tren de mercancías. En términos ferroviarios se le llamaba corte porque se segregaba de
un tren completo, o bien iba a formar parte de otro tren.
juntas de los carriles de ocho metros, que formaban la vía asentada sobre traviesas de madera.
Aquel convoy formaba parte de un tren de mercancías. En términos ferroviarios se le llamaba corte porque se segregaba de
un tren completo, o bien iba a formar parte de otro tren.
El “corte”
era empujado por la máquina, y cuando adquiría cierta velocidad, la locomotora
frenaba, y los vagones er lanzados
por el impulso a la vía correspondiente.
por el impulso a la vía correspondiente.
El
ferroviario sintió como si un monstruo mitológico avanzara hacia él.
Haciendo
sin querer un alarde de inteligencia y rapidez, se echó al suelo, dejando a un
lado el rudimentario y entrañable farol
que siempre debía acompañarlo en servicio de noche.
que siempre debía acompañarlo en servicio de noche.
Tendido
sobre la tierra se llevó las manos a la cabeza tratando de cubrírsela en lo
posible.En la
oscuridad, no sabía si se encontraba
entre dos vías paralelas o si se había tendido entre los dos carriles de una misma vía
Sintió que
se le venía encima, como en una pesadilla, aquel horrible ruido de chirridos de
hierros y girar de ruedas.
Percibió
ese agudo y penetrante silbido o chirriar que produce la pestaña de las ruedas al rozar el
lateral del carril cuando la
vía hace
curva, aunque esta sea muy leve.
vía hace
curva, aunque esta sea muy leve.
Entre los
topes del último vagón, golpeando de forma aleatoria contra el escaso balasto
de la vía, colgaba peligrosamente un
gancho de tracción que formado por dos gruesas horquillas de acero unidas entre sí por un husillo, con su correspondiente
contrapeso o
"porra”, servía para unir los vagones.
gancho de tracción que formado por dos gruesas horquillas de acero unidas entre sí por un husillo, con su correspondiente
contrapeso o
"porra”, servía para unir los vagones.
Bajo su
cuerpo, las traviesas de madera crujían
cediendo al enorme peso de los vagones
Durante el
tiempo que estuvo tendido entre la vía, instintivamente y por la fuerza de la
costumbre, pudo evaluar sin ser
totalmente consciente de ello, los distintos vagones y sus partes accesorias que le pasaban por encima: Un cerrado, otro y
otro, todos ellos cargados, lo supo por como se hundían las traviesas que estaban en contacto con su cuerpo, una plataforma
con la galga echada, dos máximos... No pudo continuar.
totalmente consciente de ello, los distintos vagones y sus partes accesorias que le pasaban por encima: Un cerrado, otro y
otro, todos ellos cargados, lo supo por como se hundían las traviesas que estaban en contacto con su cuerpo, una plataforma
con la galga echada, dos máximos... No pudo continuar.
Un golpe
en la cabeza, casi le hizo perder el conocimiento, pero no lo suficiente como para no darse cuenta de cómo pasaba
sobre él a escasos centímetros y se alejaba, aquella apabullante sinfonía producida por toneladas de hierros y madera.
sobre él a escasos centímetros y se alejaba, aquella apabullante sinfonía producida por toneladas de hierros y madera.
Cuando
estuvo seguro de que el “corte” había pasado, y asegurándose de que no venía
otro, se levantó tambaleándose y fue
cuando tuvo conciencia clara de que había estado tendido en medio de la vía y que los vagones les pasaron por encima
cuando tuvo conciencia clara de que había estado tendido en medio de la vía y que los vagones les pasaron por encima
Le dolía
la cabeza, se tocó y notó la mano mojada, tenía la duda de si sería sudor o sangre, se acercó al farol que
continuaba
encendido, y a su tenue luz pudo ver su mano manchada de sangre.
encendido, y a su tenue luz pudo ver su mano manchada de sangre.
La herida
se la produjo la “ porra”, o sea, el
contrapeso de un gancho de tracción que iba suelto.
El
aporreado ferroviario se dirigió al edificio de la estación donde contó lo que
le había sucedido mientras lo curaban.
Ese
“Factor”, era mi padre de servicio en la estación de Bobadilla, no se
exactamente, pero serian los años
veinte del pasado siglo, 1920 o quizá antes
veinte del pasado siglo, 1920 o quizá antes
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